10:00am. Lunes 16 de junio de 2008.Cementerio “Campos de paz”. Medellín. Colombia. Allí la vi por primera vez, cuando con el ímpetu de una mujer curtida por los golpes que da la vida se despedía de su hija mayor quien yacía en un oscuro ataúd de madera, algunos metros por debajo de ella. Su voz era fuerte a pesar del dolor y quemaba con agudeza en los corazones de todos los presentes; más allá de las palabras de adiós cargadas de nostalgia, estaban las palabras del reclamo, de la ira y de la incomprensión, una furia cargada hacia la humanidad, hacia el hombre que le quito la vida a su hija y en parte el sentido a su existir. Palabras que no se llevaría el viento porque quedarían impregnadas en la memoria, grabadas con el recuerdo con aquel sinsabor que deja la muerte incomprendida.
Artista por accidente. Nunca fue su sueño serlo, simplemente las artes plásticas se presentaron como la única oportunidad de continuar sus estudios mientras trabajaba para hacerse cargo de su familia. Artista a escondidas. Su empleo en un gran almacén de cadena le prohibía tajantemente estudiar, aún así logró burlar las barreras durante cuatro semestres hasta que fue descubierta e inmediatamente despedida. Pero los obstáculos no existen para Betty: Años después casada, divorciada y con dos hijas, terminó su carrera.
El viento jugueteaba con sus cabellos largos, su mirada ausente dejaba entrever el dolor mientras las fatídicas cadenas que hacían descender el féretro chirriaban como el alma oxidada de muchos. Hacía apenas un poco más de un día, que se había levantado sobresaltada de su cama al notar que su pequeña Isabel aún no regresaba; un compromiso laboral la había sacado de su casa aquella noche. La necesidad de solventar un poco la situación económica de su familia había vencido el cansancio, por lo que accedió a llevar a su jefe, quien estaba de paso por la ciudad a conocer su vida nocturna. 2:00 am. Madrugada del domingo 15 de junio. Una corazonada la despertó, aterrada comenzó a llamar al celular de su hija sin obtener respuesta, algo había pasado: ese tan nombrado “sexto sentido” de madre le avisaba… que minutos más tarde se convertiría en una pesadilla.
Luego de insistir fervientemente, alguien respondió al otro lado de la línea, pero no era su niña, se trataba de otra joven que le dijo que Isabel se encontraba golpeada y que en ese momento la llevaban de urgencia a un centro hospitalario cercano a la zona, que no se preocupara pero que fuera rápido.
La encontró tendida en una camilla, herida y asustada, con palabras contradictorias intentó desesperadamente calmar a su madre “quédate tranquila mamá, no me alcanzaron a violar”. Fueron sus últimas palabras porque en ese momento Betty tuvo que hacerse cargo de las frivolidades que le importan al hombre común ante la inminencia de la muerte. ¿Quién va a pagar la cuenta? –Se requiere una intervención quirúrgica de urgencia-. En un frio quirófano, en una lluviosa madrugada, el corazón de la niña de las sonrisas eternas, dejó de latir y su alma se fue danzando con los mismos pies de bailarina que durante 18 años habían sorteado hasta la más cruel de las circunstancias.
Dolor, terror y agonía. ¿Cómo decirle a tu hija más pequeña que su hermana ha sido asesinada? ¿Qué un hombre sin alma se la encontró y como si fuera cualquier objeto la desechó? Allí se encontraban solas, las tres, Betty, Laurita y lo que quedaba de Isabel, su cuerpo inerte.
Nunca se imaginó que Tita, cómo llamaba a su hija con cariño, tuviera tantos amigos y que fuera recordada con tanta gratitud. Sólo lo supo esa mañana en que ataviados con los colores de la alegría ausente de la bailarina, fueron llegando uno a uno a despedirse de ella, algunos con canciones, otros con poemas y algunos con una lágrima silenciosa. Parecía un carnaval, el sol inundaba con sus rayos y hacia resplandecer las flores en aquella mañana veraniega, un grupo de jóvenes todos vestidos con vivos colores caminaban recordando bonitos momentos hacia el lugar donde el cuerpo maltrecho de Isabel yacería eternamente.
Alas de Mariposa: Un escudo contra el olvido
El miedo al olvido y el repudio a la indiferencia, hicieron que esa tarde luego del entierro, un joven conmovido propusiera que en el parque donde había sido asesinada Tita, se irguiera una escultura en su honor, y que a partir de entonces todos los 15 de cada mes se reunieran a recordar a una mujer que a pesar de los pocos años que alcanzó a compartir en este plano, había marcado muchas vidas, enseñando sobre la felicidad y el amor, independientemente de que pasara alrededor. Así nació el colectivo artístico “Alas de mariposa” cuyo fin inicial era dejar intacta la memoria de Isabel por medio de una serie de intervenciones culturales en el parque donde le habían robado la vida.
Se presentó el proyecto a la Alcaldía de Medellín y durante un largo periodo se estuvieron tocando puertas en busca de apoyo, en unas ni siquiera abrieron, en otras los dejaron pasar, los atendieron bien, sonrisas y tinto, para luego quedarse callados, hasta que por fin en el consejo municipal fueron escuchados y lograron que por decreto, hoy en día el parque sea llamado Parque de la Bailarina Isabel Cristina Restrepo Cárdenas.
Un gran avance pero este es sólo el primer paso, el colectivo que prontamente se convertirá en corporación, es ahora un escudo pacifista en contra de la violencia de género, de la indiferencia y del olvido, y pretende llegar a ser un referente cultural de esta ciudad sin memoria, que tenga las armas, pinceles, voces, tu-tus, para hacerse escuchar en medio de las paredes que se han construido los hombre para no escuchar los lamentos a su alrededor.
Betty sigue valiéndose del arte para reflejar lo que es su vida como lo ha hecho desde siempre, ella ha convertido sus cuadros en espejos de su propia alma en donde con la fuerza del amor, por sus hijas principalmente, ha logrado plasmar desde el dolor hasta el desprecio que siente hacia el ser humano común, hacia todos aquellos hombres que se vanaglorian de ser “buenos” cuando su benevolencia no es más que la indiferencia hacia quien está a su lado, creen ser buenos al no hacer el mal y al creer ciegamente en un dios sordo y castigador, pero no entienden que ser bueno es mucho más que eso, es pensar en el valor del otro, respetarlo y estar allí cuando lo necesita. Tal vez si los seres humanos fuéramos así, Isabel hoy seguiría bailando.
Con pincel en mano, esta valiente mujer seguirá reprochándole a la sociedad por todos sus vicios, sus intereses individuales y materiales, y su constante olvido por el otro. De frente porque ella no tiene miedo de nada, no le importan las amenazas, ni que algunos no la quieran escuchar. Ella se vale de sus propios medios, reflejados en el arte para enfrentar al hombre con la bestia que realmente es, así como la cabeza de un grupo de jóvenes que aún guardan un poco de esperanza para sí, Betty se lanza a las calles, a los parques con sus pinturas, sus escudos, sus bailarines, luchando día a día por sacar los proyectos adelante. Que el parque sea adecuado urbanísticamente, que sea vigilado por las autoridades y que la escultura sea instalada, para poder tener un centro referencial que desde la cultura se enfrente a la muerte y a la indiferencia de una ciudad que pretende tapar la verdad con una mano.
Betty Cárdenas, una mujer ante todo valiente, vivirá el resto de sus días motivada por el amor hacia Laurita, ahora su más fiel compañía, y a Isabel quien encarna la razón de su lucha, porque entre el dolor del eterno recuerdo y la comodidad del olvido, es mucho más humano recordar con lágrimas.
Que lindo,su reconocimiento a una valiente mamá que a pesar del infinito dolor saca fuerza para hacerse oír ante la indiferencia de una sociedad enferma, indolente,sorda y muda que no le importa el dolor ajeno
ResponderEliminarMe gustó mucho la crónica. Te felicito. No hay nada que no me guste ni que esté mal escrito.
ResponderEliminarUn abrazo :):):):)