Se cayó el referendo, y el candidato más sonado para reemplazar al presidente Uribe es Juan Manuel Santos, una figura que ha estado presente en todos los gobiernos desde Gaviria, saltando, abruptamente de la oposición al favoritismo, o viceversa, siempre fiel a sus propios intereses, cumpliendo siempre lo que se propone ¿Pasará lo mismo con la presidencia?
Durante todo el tiempo que se mantuvo la incertidumbre por el referendo reeleccionista, Santos agachó la cabeza, diciendo que sus intenciones de llegar a la presidencia sólo correspondían al caso en que Uribe no pudiera desempeñarse como candidato, sin embargo, inmediatamente cayó el referendo le fue imposible ocultar su felicidad por la inminente candidatura. Esa misma noche desde Cartagena lanzó su campaña, jurando continuar con la seguridad democrática, la cohesión social y la confianza inversionista, por supuesto, con el único interés de que no se pierda el trabajo del actual mandatario.
Juan Manuel Santos, quien hoy lidera las encuestas con el 23% de la intención de voto, puede calificarse perfectamente como un estratega político. Jamás ha llegado al poder por medio del voto popular, pero a lo largo de su carrera política ha ocupado cargos de suma importancia, entre los que destacan sus actuaciones como Ministro de Comercio Exterior (Gobierno Gaviria), Hacienda (Pastrana) y Defensa (Uribe). No obstante, se ha cansado de los papeles secundarios, y hoy se la juega toda por el protagónico.
Se dice que la obstinación del candidato lo lleva a cumplir con todo lo que se propone, no necesariamente reparando en lo que tenga que hacer para lograrlo, lo que conduce a pensar que esta no será la excepción.
Cómo si se tratase de una partida de ajedrez, Santos ha ido alcanzando victoria tras victoria en estos casi 20 años de carrera política, siempre a la sombra del mejor postor, consiguiendo uno a uno los papeles que anhela. Cada movida ha sido sigilosa, oculta bajo su imagen de hombre de la élite, arrogante y poco elocuente. Así se ha desenvuelto en la escena, apareciendo ante el público con la máscara propicia, lo hizo por ejemplo, cuando el gobierno Pastrana –del cual se convirtió en crítico acérrimo tras el fracaso del proceso de paz- se iba a pique, entrando como el héroe que asumiría el Ministerio de Hacienda. Lo mismo ocurrió cuando asumió el poder el actual gobierno, en un principio fue el objetivo de sus reproches en asuntos como la primera reelección, sin embargo, tiempo después sale del partido liberal para formar el partido de la U. Más tarde se convertiría en uno de los más recordados Ministros de Defensa ha tenido el país
Ser el principal involucrado en la formación del partido de la U, le tiene hoy asegurada en parte, la Presidencia, dado que es un partido con mucha fuerza entre los electores, que hoy en día, guardan luto por la muerte del referendo. Y a pesar de que Uribe aún no ha dado el tan esperado “guiño”, Santos pareciera que contara con él. Todo es cuestión de imagen.
El ícono que venden hoy los medios de comunicación como la única alternativa a la continuidad de los proyectos de Uribe Vélez, es la imagen del Ministro que ha acertado los más duros golpes a las FARC, con la operación Jaque y el bombardeo al campamento de Raúl Reyes, así como otra serie de deserciones que dejaron al grupo armado en su peor momento.
La imagen del Súper Santos, que no es más que otro punto en el tablero de su estrategia, vendida diariamente por los medios masivos, ha olvidado gran parte de su historia ¿En dónde queda el escándalo por los Falsos Positivos? Hay personas que ni siquiera hoy se han enterado que durante su ministerio, miles de civiles colombianos fueron asesinados por las fuerzas militares y luego presentados como bajas de la guerrilla. Crímenes de lesa humanidad que han quedado impunes. Juan Manuel logró ocultarlo muy bien con una cortina de humo, muy al estilo Uribe, silenciando lentamente a quienes lo denunciaban y opacando toda la información con asuntos de menor relevancia.
Esto no parece importarle a los electores colombianos, quienes ante la desesperación por perder a su mesías se han dejado enceguecer por Santos, ven en él no a un hombre con intereses personales y con un historial algo dudoso con respecto a la transparencia y a los métodos para lograr sus fines. El hombre que es capaz de hacer lo que sea para lograr lo que quiere; ven al salvador de la patria. Sin embargo el pueblo está obnubilado por la seguridad democrática y nada más importa. Este es el escenario que recibe con bombos y platillos al candidato del partido de la U. Aún así no todo será tan fácil para el ex ministro. Cómo lo afirma un artículo publicado en la última entrega de la revista Semana, los demás candidatos no dejarán que Santos se quede con el poder así de fácil, aparecen conatos de coaliciones y acuerdos, todas encaminadas especialmente a no permitir que quede un ganador absoluto en la primera vuelta. Y mucho menos que sea Santos.
Por otro lado las alternativas independientes han cogido fuerza y se presentan como la opción de las juventudes, así como la oposición, encarnada por el Polo Democrático, se ha visto fortalecida luego del fallo de la Corte Constitucional que impide una tercera reelección. Es decir, aún quedan esperanzas.
Esperanzas de que el pueblo abra los ojos ante la danza de cortinas de humo que le presentan los medios de comunicación, que entienda que Santos no va más que por sus propios intereses y que en una carrera por algo que desea no hay quien lo pare. Santos es una opción contraria a la transparencia que necesita el país. Es un hombre que llevaría a Colombia a una nueva era del oscurantismo político.
¿Es esta realmente la salvación? Aún hay tiempo para elegir.
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